Querido papá:
Espero que al recibo de la presente te encuentres bien. Yo la voy llevando y no me puedo quejar. Las cosas acá son diferentes a lo que yo estaba acostumbrado, pero como siempre me lo dijiste «Si otros pueden, ¿por qué no vas a poder vos?».
Las dificultades de adaptación me desvelan y paso muchas horas tirado en la cama mirando el techo y tratando de entender por qué todo se me hace tan difícil. Inevitablemente busco causas, culpables, responsabilidades, errores.
Siempre tuve una vida muy cómoda cuando vivía con ustedes y vos te hacías cargo de todo lo que mamá y yo necesitábamos. Nunca me faltó nada. Hasta me pasaste el auto cuando te compraste uno nuevo porque el concesionario te lo tomaba por muy poco dinero. Mi popularidad entre mis amigos subió mucho con ese auto porque era mejor que el de sus propias familias. Creo que a Margarita la conquisté gracias a él ... a vos, debería decir en realidad.
El otro día, hablando con una compañera de facultad, me decía que por mis argumentos sobre ecología filosófica le vinieron ganas de soltar el zorzal que tienen en la casa pero que se arrepintió porque la madre le dijo que por haberse criado en cautiverio no llegaría a la noche sin que algún gato se lo comiera.
Las meditaciones de esta madrugada me llevaron a compararme con ese pobre zorzal, que canta como Gardel pero que probablemente sea su forma de gritar por una libertad que los humanos no queremos darle para hacerle un bien.
Sería muy ingrato de mi parte decir que fuiste demasiado bueno conmigo y que me convertiste en un inútil por no privarme de nada. Pero debo confesarte que tu bondad la estoy sintiendo como un error garrafal que, si algún día soy capaz de tener un hijo, trataría de no repetir.
Con el profesor de Arte Azteca nos llevamos muy bien y hablamos mucho. Cuando le contaba esta especie de ingratitud que tengo hacia vos y que tanto me mortifica, él me decía que a veces sucede que los padres, no es que sean tan buenos como parecen, sino que anulan a los hijos con su generosidad como forma de sacarse de encima a quienes algún día pueden disputarle su poder familiar.
Algo parecido creo que pasó con mamá, porque ella me ha insinuado que se siente atrapada en una especie de chantaje porque no deja de ser un triste satélite tuyo y no tiene ni argumentos ni voluntad para salir de esa condición. Nunca me lo dijo con esas palabras —y te pido que por favor no se lo preguntes—, pero ahora que estoy lejos de ustedes comprendo mejor su tristeza, desgano y sobrepeso.
Siempre estuviste acostumbrado a mandar y a que te obedeciéramos. Tu generosidad funciona como una varita mágica que nos maneja a todos como si fuéramos marionetas.
Es insólito que me esté quejando de algo que tantos hijos desearían para sí, pero después de darle muchas vueltas al asunto, estoy bastante seguro que mis bajas notas en todas las asignaturas que me exigen creatividad, pueden estar motivadas porque «gracias a vos no necesito nada», lo cual, aunque parezca disparatado, equivale a funcionar como un cadáver.
Cambiando de tema, sabés que quizá te tenga que pedir una remesa especial porque Margarita tiene un atraso de tres semanas y ya acordamos que este tampoco lo queremos tener. Después te digo cuánto me tenés que mandar.
Un beso de tu mejor (y único) hijo.
Tola
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martes, 6 de diciembre de 2011
lunes, 7 de noviembre de 2011
Diálogo lunfardo
— Che, Ramírez, ¿vos atendiste la reclamación del ponja?
— Sí ¿por?
— Lo tengo en el teléfono re-calentito porque todavía no le hicimos el cambio de la merca jodida. A parte de mandarlo a cagar, ¿qué otra cosa le digo?
— ¡Uh, me la morfé! No sé. Metele cualquier paco y que se vaya a la puta que lo parió. De parte de un servidor.
— Señor Takana, el encargado de expedición me informa que hubo un inconveniente con el camión que atiende su zona y que esta tarde sin falta le estamos haciendo el cambio que usted nos solicitó. El vendedor me dice que le pida mil disculpas por las molestias. ... Bueno, si, muy amable de su parte... sí, quédese tranquilo que no volverá a suceder; tuvimos mala suerte. Cómo no... se lo voy a trasmitir. Un placer señor Takana y siempre a las órdenes, eh. Buenos días. Ramírez, dice el ponja que te vaya a la concha de tu helmana. ¿Vos andás medio ido no? ¿Te pasa algo?
— No te imaginás el bolonqui que tengo en mi casa. La yegua de mi mujer se levantó en armas y me está haciendo la guerra en varios frentes. ¿Podés creer?
— ¡Qué cagada! ¡Justo contigo que sos un santo varón! ¿Ahora que reclama esa reventada?
— Vos sabés que un poco de razón debe tener porque hasta mi vieja está de parte de ella. Yo me opongo a que salga a trabajar y a que se junte con unas imbéciles que tiene por amigas, que lo único que hacen es calentarle la cabeza y cada vez que se hablan me hace la vida imposible.
— ¿Y por qué no querés que labure? El sueldo que tenemos acá es de ministro pero igual, no sé, la plata nunca sobra. Algo que pueda arrimar para parar la olla nunca viene mal.
— No me animo a decirle el motivo, pero a vos que sos mi amigo te lo puedo decir. ¡La gallega está buenísima! ¡Es un polvo caminando! Tengo miedo que me soplen la dama. ¡No sabés lo que es esa mina cuando se calienta! ¡Me vuelve loco, Juan! Si algún día me deja por otro, te juro que me mato.
— Si, la verdá que entre la gallega y la buzarda de un pelado como vos, ¡vas muerto! ¿Y en que anda la cosa?
— ¡Me tiene contra las cuerdas! Fijate que empezó una huelga de hambre. ¡Si: no pongas esa cara! Hace tres días que sólo toma agua, y la madre la hace revisar por un médico de la familia. Dice que si no cedo, se deja morir. ¿Te das cuenta, Juan? Tengo miedo que me deje por otro (comienza a sonar el teléfono) y resulta que capaz que se me muere la hija de puta.
— Pero sos un jilguero Ramírez. Está haciendo régimen porque se viene el verano. Esta mina te tomó los puntos y vos entraste como un caballo.
— No. Ahora el equivocado sos vos. Yo la conozco. Esto no es joda. ¡Se me muere la gallega!
— ¡Para mi que vos estás medio loco! ¿Qué querés que te diga? ¿Por qué no arreglás una salida negociada? Ponele: que se consiga un laburo que a vos no te ponga nervioso, buscale la vuelta para que a las amigas las vea lo menos posible y vos bajá un poco la panza de mierda esa que tenés. ¡Hola! A sí señor Takana, ya está saliendo lo suyo. ... ¿Cómo? ¡Qué raro! Bueno, está bien, está bien. Muy bien. Bueno, ¡cómo no! Buenas tardes. Vo, Ramírez, el ponja dice que hace dos días que recibió lo que estaba reclamando, pero que de todos modos es una vergüenza que yo le haya mentido. ¡Arreglá el fato ese que tenés con la anorésica de tu mujer que hasta yo estoy quedando como un pelotudo!
Nota: La imagen es una escena de la película El secreto de sus ojos, actuada por Ricardo Darín (izquierda) y Guillermo Francella (derecha).
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— Sí ¿por?
— Lo tengo en el teléfono re-calentito porque todavía no le hicimos el cambio de la merca jodida. A parte de mandarlo a cagar, ¿qué otra cosa le digo?
— ¡Uh, me la morfé! No sé. Metele cualquier paco y que se vaya a la puta que lo parió. De parte de un servidor.
— Señor Takana, el encargado de expedición me informa que hubo un inconveniente con el camión que atiende su zona y que esta tarde sin falta le estamos haciendo el cambio que usted nos solicitó. El vendedor me dice que le pida mil disculpas por las molestias. ... Bueno, si, muy amable de su parte... sí, quédese tranquilo que no volverá a suceder; tuvimos mala suerte. Cómo no... se lo voy a trasmitir. Un placer señor Takana y siempre a las órdenes, eh. Buenos días. Ramírez, dice el ponja que te vaya a la concha de tu helmana. ¿Vos andás medio ido no? ¿Te pasa algo?
— No te imaginás el bolonqui que tengo en mi casa. La yegua de mi mujer se levantó en armas y me está haciendo la guerra en varios frentes. ¿Podés creer?
— ¡Qué cagada! ¡Justo contigo que sos un santo varón! ¿Ahora que reclama esa reventada?
— Vos sabés que un poco de razón debe tener porque hasta mi vieja está de parte de ella. Yo me opongo a que salga a trabajar y a que se junte con unas imbéciles que tiene por amigas, que lo único que hacen es calentarle la cabeza y cada vez que se hablan me hace la vida imposible.
— ¿Y por qué no querés que labure? El sueldo que tenemos acá es de ministro pero igual, no sé, la plata nunca sobra. Algo que pueda arrimar para parar la olla nunca viene mal.
— No me animo a decirle el motivo, pero a vos que sos mi amigo te lo puedo decir. ¡La gallega está buenísima! ¡Es un polvo caminando! Tengo miedo que me soplen la dama. ¡No sabés lo que es esa mina cuando se calienta! ¡Me vuelve loco, Juan! Si algún día me deja por otro, te juro que me mato.
— Si, la verdá que entre la gallega y la buzarda de un pelado como vos, ¡vas muerto! ¿Y en que anda la cosa?
— ¡Me tiene contra las cuerdas! Fijate que empezó una huelga de hambre. ¡Si: no pongas esa cara! Hace tres días que sólo toma agua, y la madre la hace revisar por un médico de la familia. Dice que si no cedo, se deja morir. ¿Te das cuenta, Juan? Tengo miedo que me deje por otro (comienza a sonar el teléfono) y resulta que capaz que se me muere la hija de puta.
— Pero sos un jilguero Ramírez. Está haciendo régimen porque se viene el verano. Esta mina te tomó los puntos y vos entraste como un caballo.
— No. Ahora el equivocado sos vos. Yo la conozco. Esto no es joda. ¡Se me muere la gallega!
— ¡Para mi que vos estás medio loco! ¿Qué querés que te diga? ¿Por qué no arreglás una salida negociada? Ponele: que se consiga un laburo que a vos no te ponga nervioso, buscale la vuelta para que a las amigas las vea lo menos posible y vos bajá un poco la panza de mierda esa que tenés. ¡Hola! A sí señor Takana, ya está saliendo lo suyo. ... ¿Cómo? ¡Qué raro! Bueno, está bien, está bien. Muy bien. Bueno, ¡cómo no! Buenas tardes. Vo, Ramírez, el ponja dice que hace dos días que recibió lo que estaba reclamando, pero que de todos modos es una vergüenza que yo le haya mentido. ¡Arreglá el fato ese que tenés con la anorésica de tu mujer que hasta yo estoy quedando como un pelotudo!
Nota: La imagen es una escena de la película El secreto de sus ojos, actuada por Ricardo Darín (izquierda) y Guillermo Francella (derecha).
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viernes, 7 de octubre de 2011
Un detalle pendiente
Soy fruto de la violencia, el agradecimiento y el frío de Nueva Jersey. Hace 31 años el bestia de mi padre seguramente agarró a mi madre chicana por el pelo, en un gélido enero, quizá con alguna ventana sin vidrio, y le fecundó un varoncito que hoy anda rodando por el mundo, maldiciendo aquella fertilidad que tantas envidian.
Ella se tuvo que casar perseguida por migración y luego le pagó el favor al gringo durante años, con una sumisión perruna.
Gordo inmundo, bebía, gritaba, transpiraba, hedía, tiranizaba y cultivaba primorosamente mi odio hacia la especie.
El abuelo mejicano también lo odiaba. Lamentaba no haber llegado a tiempo para rescatar a su hija y saboteaba en todo lo posible el poder de este subnormal archipoderoso.
Para mi octavo cumpleaños mi abuelo me regaló un equipo de audio de altísimo volumen y bajísima fidelidad. Luego entendí que era un castigo indirecto al yerno. Cuando lo usaba, los golpes en la puerta empataban los decibeles de los mega parlantes y eso lo ponía aún más furioso y frustrado.
Con mi madre casi no hablábamos pero igualmente nos entendíamos. Compartíamos un dolor que las palabras ya no calmaban.
Una noche de verano, luego de vaciar la quinta botella de cerveza, lo mirábamos comer un pollo usando las manos, que junto con la cara, estaban totalmente brillantes por la grasa.
El ruido a moledora se interrumpió y sus ojos empezaron a desorbitarse. Del color púrpura habitual pasó al bordó y con ella empezamos a comprender que se había atorado con un hueso. Nos volvimos a mirar y secretamente pensamos que nuestros ruegos habían sido escuchados. María Auxiliadora nos estaba auxiliando y para ayudarla, no lo auxiliaríamos.
No importa mucho cómo llegué a trabajar como fornicador de hombres maduros en el Parque Batlle, porque lo que quiero recordar es que un día me contrató un veterano que se parecía mucho a aquel elefante marino del cual nos liberamos. Como la mayoría, me pidió que lo penetrara lentamente, esperando la dilatación de su ano, pero un impulso salvaje me ordenó un envión que le provocó un alarido desgarrado.
Quizá para mí fue el audio que le faltó a aquella escena de triunfo milagroso.
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Ella se tuvo que casar perseguida por migración y luego le pagó el favor al gringo durante años, con una sumisión perruna.
Gordo inmundo, bebía, gritaba, transpiraba, hedía, tiranizaba y cultivaba primorosamente mi odio hacia la especie.
El abuelo mejicano también lo odiaba. Lamentaba no haber llegado a tiempo para rescatar a su hija y saboteaba en todo lo posible el poder de este subnormal archipoderoso.
Para mi octavo cumpleaños mi abuelo me regaló un equipo de audio de altísimo volumen y bajísima fidelidad. Luego entendí que era un castigo indirecto al yerno. Cuando lo usaba, los golpes en la puerta empataban los decibeles de los mega parlantes y eso lo ponía aún más furioso y frustrado.
Con mi madre casi no hablábamos pero igualmente nos entendíamos. Compartíamos un dolor que las palabras ya no calmaban.
Una noche de verano, luego de vaciar la quinta botella de cerveza, lo mirábamos comer un pollo usando las manos, que junto con la cara, estaban totalmente brillantes por la grasa.
El ruido a moledora se interrumpió y sus ojos empezaron a desorbitarse. Del color púrpura habitual pasó al bordó y con ella empezamos a comprender que se había atorado con un hueso. Nos volvimos a mirar y secretamente pensamos que nuestros ruegos habían sido escuchados. María Auxiliadora nos estaba auxiliando y para ayudarla, no lo auxiliaríamos.
No importa mucho cómo llegué a trabajar como fornicador de hombres maduros en el Parque Batlle, porque lo que quiero recordar es que un día me contrató un veterano que se parecía mucho a aquel elefante marino del cual nos liberamos. Como la mayoría, me pidió que lo penetrara lentamente, esperando la dilatación de su ano, pero un impulso salvaje me ordenó un envión que le provocó un alarido desgarrado.
Quizá para mí fue el audio que le faltó a aquella escena de triunfo milagroso.
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lunes, 5 de septiembre de 2011
¿Qué es el deseo?
Como me lo temía, el miércoles pasado no pude pegar un ojo preocupado por saber qué es realmente del deseo.
A las dos de la mañana me fui para el boliche donde recalo a diario (Bar mixto El Crujido – Carreras Nacionales esquina Emilio Zola), y con los que quedaban a esa hora, propuse el tema.
Como me conocen, me dejaron hacer el acta.
El asunto es así: El ser humano padece una prematuridad que se parece mucho a un retardo mental y que en cualquier otra especie sería calificado de teratológico.
Lo perfecto sería tener un instinto completo como tiene todo el mundo (animal).
La desesperación por no haber nacido sabiendo y tener que aprender todo desde cero, con una dependencia casi total que dura años (2, 10, 29, 56, etc. según los casos), provoca un desarrollo compensatorio (“La naturaleza aprieta pero no ahorca”) de algunas destrezas: inteligencia, envidia, celos, amor/odio, motricidad fina, psiquis, bipedismo.
Tengo que agregar aparte la otra destreza, a pedido de su autora, la Gladys. Ella dijo:
— A ver ustedes que saben tanto, ¿saben por qué los animales no hablan? (silencio expectante) — ¡Fácil! Porque no lo necesitan. (silencio admirativo).
Esta iluminación de la Gladys destrabó la neurona del Cacho Gómez, quien agregó resuelto:
—‘Ta clavado: El deseo es la diferencia que hay entre el instinto y la taradez humana. (silencio sublime).
El Gordo Calvo (que justamente es pelado ... lo que son las cosas!) redondeó:
— ¡‘Tonces los neuróticos reniegan de satisfacer el deseo porque no asumen que envidian a los animales!
— Clarito dijo Camejo —agregó el del kiosco que generalmente no entiende nada.
Yo me quedé con la sensación de que habíamos avanzado bastante en un tema tan escarpado. Además, me pude dormir un rato (ahí mismo, claro).
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A las dos de la mañana me fui para el boliche donde recalo a diario (Bar mixto El Crujido – Carreras Nacionales esquina Emilio Zola), y con los que quedaban a esa hora, propuse el tema.
Como me conocen, me dejaron hacer el acta.
El asunto es así: El ser humano padece una prematuridad que se parece mucho a un retardo mental y que en cualquier otra especie sería calificado de teratológico.
Lo perfecto sería tener un instinto completo como tiene todo el mundo (animal).
La desesperación por no haber nacido sabiendo y tener que aprender todo desde cero, con una dependencia casi total que dura años (2, 10, 29, 56, etc. según los casos), provoca un desarrollo compensatorio (“La naturaleza aprieta pero no ahorca”) de algunas destrezas: inteligencia, envidia, celos, amor/odio, motricidad fina, psiquis, bipedismo.
Tengo que agregar aparte la otra destreza, a pedido de su autora, la Gladys. Ella dijo:
— A ver ustedes que saben tanto, ¿saben por qué los animales no hablan? (silencio expectante) — ¡Fácil! Porque no lo necesitan. (silencio admirativo).
Esta iluminación de la Gladys destrabó la neurona del Cacho Gómez, quien agregó resuelto:
—‘Ta clavado: El deseo es la diferencia que hay entre el instinto y la taradez humana. (silencio sublime).
El Gordo Calvo (que justamente es pelado ... lo que son las cosas!) redondeó:
— ¡‘Tonces los neuróticos reniegan de satisfacer el deseo porque no asumen que envidian a los animales!
— Clarito dijo Camejo —agregó el del kiosco que generalmente no entiende nada.
Yo me quedé con la sensación de que habíamos avanzado bastante en un tema tan escarpado. Además, me pude dormir un rato (ahí mismo, claro).
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sábado, 6 de agosto de 2011
El Pocho Támesis
El Pocho Támesis es una año mayor que yo y habla de envidia buena y envidia mala.Es un tipo oscuro, opaco, pero no misterioso porque este adjetivo podría ser interpretado por el lector como positivo y yo lo que pretendo es que usted termine odiándolo, porque siempre ha sido un problema para mí y por eso no me canso de combatirlo.
Desde hace años que de una u otra forma hago propaganda en su contra.
Él es de esas personas a quienes las cosas siempre le han rodado bien. Ha tenido la suerte de su lado desde muy pequeño. Se sabe, por ejemplo, que el padre le hacía muy lindos regalos cuando padecía las clásicas enfermedades de la infancia. ¡Así cualquiera se enferma!
El padre era un tipo muy frío, antipático y hasta podría decirse grosero. Sin embargo era cariñoso con el Pocho enfermo.
También fue generoso con el Pocho sano porque fue al único hijo que le permitió seguir estudiando sin trabajar hasta mucho después de recibirse de agrimensor.
El Pocho dice que él tiene envidia buena porque desea poseer los méritos de los demás y dice que yo tengo envidia mala porque deseo tener los bienes de los demás sin dar nada a cambio.
Lo que nunca dice —porque no le conviene— es que las cosas están mal repartidas y que él ha tenido la suerte de tener un título que le abre muchas puertas.
No es justo —y esto se lo discutiré hasta el cansancio— que algunos tengan todo y otros no tengamos nada.
Yo no les pedí a mis padres para nacer, así que me parece que ellos deberían darme todo lo que necesite sin que yo tenga que andar haciendo méritos. ¡Como si ser padre no fuera suficiente premio para ellos! ... y si no pregúntenle a los que no pueden tener hijos.
Fui yo quien le puso Pocho cuando me enteré que en España significa «podrido» y también le puse Támesis porque se jacta de hablar un inglés mejor que cualquier nativo. ¡Once años de Anglo tiene! Se fumó hasta los postgrados en Inglaterra. ¿Y todo eso para qué? Sólo para sobresalir y lograr que otros sientan «envidia buena» hacia él. ¡Un verdadero presumido insoportable!
Nunca oculto mi espíritu justiciero en cuanto al reparto igualitario de la riqueza. Él se llena la boca retrucándome que las que tienen que estar bien repartidas son las oportunidades y que después cada uno haga lo que quiera y pueda. ¡Es fácil decirlo para quien tuvo todas las oportunidades posibles!
Yo discuto con la madre porque ella lo defiende. Pero, claro, es la madre. ¡Pero por algo ella se divorció del padre, ahora vive conmigo y está bancando todos los gastos!
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martes, 12 de julio de 2011
Al compás del swing
El — (Con voz de dormido) Hooolaa …Ella — (Rezongando dulcemente) ¿Todavía estabas durmiendo? ¡Mirá que son las diez y media de la madrugada!
El — (Malhumorado) ¿Por qué me rompés las pelotas?
Ella — (Sin alterarse) ¿Por qué me hablás así?
El — (De mala gana) No sé, con las mujeres y los trolos me pongo grosero. Además justo estaba soñando que Peñarol ganaba la Copa América.
Ella — (Novelera) Viste que al final se supo por qué se va Ence (1) de Uruguay ...
El — (Curioso) ¿Por qué se va?
Ella — (Muy divertida) Porque Peñarol se compró todos los troncos.
El — (Haciéndose el enojado) ¡Ves que sos una mierda?
Ella — (Maternal y alegre) ¡Arriba ese ánimo botijita que te tengo buenas noticias!
El — (Curioso) ¿Cuáles son?
Ella — (En tono de complicidad) Miguel te dio el O.K.
El — (Alarmado) ¡Pará! ¡Pará! ¡Pará! ¿Cómo que me dio el O.K. si no me conoce?
Ella — (Misteriosa) Ayer te observó cuando salías del laburo.
El — (Muy seguro de sí) ¡Si nunca me vio la cara! ¿Cómo supo quién era yo?
Ella — (Con picardía) Porque eras el único con mochila de colores verde y amarillo que se ve a dos cuadras...
El — (Furioso, casi gritando) ¡Sos una manipuladora de porquería! ¿Para eso me insististe tanto en prestármela?
Ella — (Con suficiencia) Ah, yo tengo un amigo que siempre me dice que «el fin justifica los medios» ...
El — (Desconsolado) ¡No podés ser tan basura! ¿Y que edad tiene ese Miguel?
Ella — (Concisa) Veinte redonditos ... Él es todo redondito; recién importado del Subterráneo Magallanes (2)...
El — (Reivindicativo) ¡Ah, no, ni en pedo! ¡Al lado mío es un guacho! ¡No me sirve!
Ella — (Condescendiente) Al lado mío también, pero es súper divertido. ¡Es un tipazo!
El — (Menos reivindicativo) No, No. ¡Me voy a sentir como un subnormal! ¿Por qué no la invitamos a Noelia Campo (3) también ... a ver si te la bancás?
Ella — («Canchera») Pero si usted el único defecto que tiene es Peñarol. ¡Quédese tranquilo! ¡Hágale caso a mamá, que sabe de esto! ¡Animate bombonazo que la vida es corta y en cualquier momento nos vemos entubados, pero en un CTI!
El — (Dubitativo) La diferencia de edad es una grues, una grosería.
Ella — (Exultante) ¡Bingo! Descubrimos por qué solés decirle groserías a las mujeres y a los trolos.
El — (Con tono de locutor deportivo) Bueno, ahora tenemos los comentarios de Melanie Klein (4) ...
Ella — (En tono académico) El lapsus de “grues” por “grosería” significa, sin posibilidad de error, y conociéndote como paciente de años, que, al igual que todos los de tu especie, sueñan con tener un pene bien grueso para que las mujeres sientan un poco de dolor al ser penetradas. Los que se amargan por no tener ese trabuco, entonces dicen grueserías imaginando que le provocan un poco de dolor en el oído a la hembra (en tono concluyente) ... y con esto ya te estoy diciendo que con el pendejo la vamos a pasar re-bomba. ¿Arreglo para mañana a las diez?
El — (Claudicante) Bueno, está bien.
(1) Empresa multinacional dedicada al procesamiento de pasta de madera.
(2) Local del Montevideo nocturno de strip tease masculino para damas.
(3) Noelia Campo: joven y atractiva periodista uruguaya.
(4) Famosa psicoanalista inglesa (ya fallecida).
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sábado, 11 de junio de 2011
¡Viva Ptolomeo!
El hombre, un dios cuando sueñaY apenas un mendigo cuando piensa.
Friedrich Hölderlin
Tengo muchos motivos para defender la mentira.
El otro día leía algo dicho por Jorge Luis Borges donde él, —en un reportaje— recordaba: “Chuang Tzu soñó que era una mariposa, y no sabía, al despertar, si era un hombre que había soñado ser una mariposa o si era una mariposa que ahora soñaba ser un hombre”.
Cuando estudiaba periodismo en Barcelona recuerdo que el profesor más querido por lo alumnos y más odiado por el rector, siempre nos decía: «Nunca permitan que la verdad les vaya a estropear una buena historia».
Años estuve repitiendo uno de esos sueños de los cuales da lástima despertarse: yo era capaz de volar, levitar, de dar saltos pudiendo decidir cuándo y dónde caer. Esos momentos de mi existencia siguen siendo verdaderos hitos de placer y felicidad.
La mentira tiene muy mala fama porque todo lo placentero también la tiene. Los humanos aún no hemos encontrado la forma de convivir sin excluir el goce. Parece que para convivir hay que padecer. Como dijo Néstor Kirschner hace poco: «Nosotros (refiriéndose a su gobierno) hacemos una sola cosa bien: el mal».
¿Cuántos de ustedes no guardan rencor hacia quien les anunció la verdad sobre Papá Noel y los Reyes Magos? ¿No surgirá de esta experiencia insoportable todo intento de matar al mensajero? Muchas veces me oigo decir: «Yo no soy vengativo, pero tengo memoria», con lo cual me quedo tranquilo porque deploraría ser coherente en este tipo de cosas.
Cuando Oscar Wilde decía: "Si uno dice la verdad, tarde o temprano será descubierto", estaba usando su cerebro como un sofisticado alambique, porque efectivamente, hay que ser muy ruin, mezquino y cobarde como para decir una verdad sin tener móviles inconfesables y vergonzosos.
Cuando el oncólogo le dice a su paciente que «¡Esto lo curamos de raíz!» está haciendo una obra mucho más humanitaria que Serpaj, porque él sabe que está convirtiendo una verdad relativa en absoluta ... para ayudar a su paciente.
Y no quiero perderme en matices semánticos del tipo: «Blanca nieve y los siete enanitos» es una ficción, mientras que «Irak posee armas de destrucción masiva» es una mentira, porque a la postre todo es lo mismo. La realidad existe pero está fuera de nuestro alcance. Lo más que podemos registrar es nuestra realidad psíquica que reacciona ante estímulos que no podemos conocer. Es como si detrás de un espejo pasaran mil cosas pero nosotros vemos nuestra imagen y lo que nos rodea. Esa realidad psíquica opera según el principio de placer y se parece más a un sueño que a una percepción.
Pero acá entra el inevitable temor a la muerte y su contrapeso infaltable: la estrategia para evitarla, con lo cual fabricamos grandes mentiras o ficciones o como ustedes quieran llamarlo, para suponer que podemos gobernar nuestra existencia, ... como si una hoja que vuela alocada en un torbellino pensara que está haciendo acrobacia aérea. ¡Digan la verdad! ¡Qué espectáculo fascinante es ver cómo un niño pequeño imagina estar manejando el ómnibus ... junto a su mamá que va pensando qué preparará de cena cuando llegue...!
Es jactancioso defender la verdad. Primero, porque implica suponer que se puede acceder a ella; segundo, porque procura hacer creer que uno la toleraría de buen grado; tercero, porque se hace el que desprecia la riqueza material (¿o ustedes conocen a alguien que se enriqueció siendo sincero?); cuarto, porque imagina que lo querrán por su linda cara, a pesar de semejante vicio pestilente.
Más allá de lo que molestan ... (porque se sienten dueños de la verdad), los ecologistas tienen una cierta lógica. Para poder establecer un buen equilibrio ecológico, tenemos que copiar a la naturaleza: si los sueños están ahí para conservar la salud de quien los sueña, no estaría mal decirle al ser amado lo que él quiere escuchar, más que envenenarlo con verdades tóxicas... aunque la esté pidiendo por masoquista o despistado.
De hecho el marketing es lo que hace: Averigua qué quiere el cliente, luego se lo da, automáticamente éste abre la manito, suelta lo billetes que caen en el bolsillo del que estudió marketing con lo cual el circuito recomienza.
¿Alguna vez se preguntaron por qué el rumor llega antes y es más creíble? Las verdades siempre llegan tarde, por lo tanto son indeseables o ineficientes. Fíjense un ejemplo tomado al azar: hace quinientos años casi lo matan a Copérnico por decir que la tierra gira al rededor del sol y no éste alrededor de la tierra. ¿Qué sucede cinco siglos después? «A ver niños, repitan conmigo: El Sol SALE por el este y SE PONE por el oeste. ¿Entendieron, no?».
La ficción toma dimensiones planetarias cuando hablamos del fenómeno religioso. Fíjense que... ¡Ah!¡Me están llamando para cenar! ¿Después seguimos?
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