viernes, 17 de septiembre de 2010

El pene de madera

Día tras día, Ramírez espera a que el Gallego abra el boliche porque quiere asegurarse el lugar de siempre, para tomar un capuchino con dos pan-con-grasa, para mirar cómo pasa la vida por la ventana y tener la certeza de no pensar en nada.

Si algún día no pudiera realizar este rito, padecería una descompensación mental irreversible.

Ernesto no. Es un tipo que a veces viene temprano, otras veces viene más tarde y otras no viene ... o viene tan tarde que no se encuentran.

Ramírez funciona como una pieza más del sistema solar mientras que Ernesto se parece más a una bolsa de nylon en un día de viento.

Esta vez se encontraron y dialogaron.

— ¿Viste quien murió ayer?

— No.

— El Alemán Gottlieb.

— Me alegro. Era un hijo de puta.

— Se lo comió el bicho.

— Vos estás como esos periodistas que titulan: «A los 92 años, dejó de existir Fulanito, víctima de una cruel enfermedad». A esa lacra hace años que se le venció la garantía ...

— Si, no, pero el viejo fumaba mucho...

— Ernesto, te hablo con propiedad porque nadie es más cagón que yo, pero decir que se murió porque fumaba equivale a decir que los que no fuman son inmortales. ¡Dejate de joder!

— Sí, está bien, pero yo me doy cuenta que me está matando de a poco. No puedo correr ni tres baldosas y los gargajos madrugadores podrían ocultar esas tres baldosas, ¡yo que sé! ¡me está matando!

— Pero ¿te gusta o no te gusta fumar?

— Sí, pero me está matando. Todos los médicos dicen que hace un mal horrible.

— Claro, pero no decís que a los médicos les va bien sólo cuando a vos te va mal. ¿O pensás que son tarados los tipos? Se enfundan en una bata blanca recién planchada y con la mejor cara de orto, te convencen de algo que les sirva a ellos.

¡Pensá un poquito Ernesto! ¿Por qué suponés que yo dejé de fumar hace como cuatro años? ¡Porque esos soretes me hicieron la cabeza!

Mañana dicen que coger trae caspa y capaz que me hago cortar la verga por un carpintero.

— Cuando hablás en serio tenés razón, pero …

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martes, 31 de agosto de 2010

Negocios con el exterior

I

Roberto y Beatriz se conocieron en el liceo y primero fueron íntimamente indiferentes aunque externamente amables porque ella bailaba muy bien y él (a veces) usaba el auto del padre.

Él no estaba interesado en ella porque era gordita y pecosa y ella no estaba interesada en él porque lo consideraba demasiado arrogante.

Pero en la reunión que hicieron para festejar los dieciocho de él, hubo un extraño click. Algo así como si hasta ese día hubieran estado ocultándose lo que al otro más le gustaba.

Ella, no solamente bailaba muy bien sino que al sonreír se le marcaban unos increíbles pocitos cerca de la boca.

Él tenía un sentido del humor que a ella la hacía reír, con lo cual se le formaban los hoyitos ... y así sucesivamente.

Lo demás sucedió sólo. Se enamoraron, estuvieron ennoviados un tiempo, se casaron muy ilusionados, y fueron los papás de Martín y Amparo. Los cuatro parecían sacados de una comedia cinematográfica. Un verdadero modelo que todos tomaban como ejemplo para sus hijos solteros.

II

El matrimonio Forné-Olascoaga estuvo así hasta que Martín y Amparo cumplieron los cuatro y tres años, hasta que los domingos empezaron a resultar aburridores, hasta que también lo fueron los sábados y hasta que las vacaciones eran temibles.

Algo se había roto. Los hoyitos y los chistes perdieron su eficacia. La gordita que bailaba bien ahora era la gorda y el humorista sólo funcionaba con escocés sin hielo.

Un extraño a la familia hubiera notado que en ciertos momentos, todos se miraban en forma interrogativa. Como si la natural incertidumbre hacia el futuro, ahí funcionara en un presente continuo.

III

Cuando organizaron una fiestita para los allegados con motivo del próximo ingreso de Martín a la escuela (nadie festejaba este tipo de acontecimientos, pero, así lo hicieron), Roberto y Beatriz tuvieron la secreta esperanza de que surgiera algún tema referido a las dificultades matrimoniales, ya que a la reunión fueron invitados los amigos adultos, casados con hijos pequeños, pero sobre todo por considerarlos exitosos en la vida matrimonial.

Maldijeron la mala suerte. Uno de los que estaba invitado cayó preso por estafa y éste fue el único tema que se trató durante las dos o tres horas que duró la reunión. Por suerte, los niños se organizaron enseguida y jugaron destructivamente aprovechando que ningún adulto había tomado el rol de vigilante.

Cuando se fueron los últimos, retornaron las miradas interrogativas, ahora en un hogar absolutamente devastado por la plaga infantil.

IV

Sin tocar absolutamente nada, se fueron a la cama e iniciaron la tarea de mirar el techo en silencio.

— ¿Tenés otra? —arrancó ella.

— ¿Te gusta mucho el profesor de Pilates?

— ¿Qué nos está pasando, Roberto?

— Habrán surgido nuevas necesidades que el mercado interno no pudo satisfacer.

— Es cierto que Iván es muy amable conmigo y que me alegra la vida. ¿En qué consisten tus importaciones?

— Nos gustamos con Susana Sasías. Lo descubrimos hace poco y también ella me alegra la vida.

— Susana Sasías. La más chica del farmacéutico. ¿Qué tiene ella que yo no tenga?

— Tu pregunta es muy trillada, pero igual te la respondo porque yo me pregunto lo mismo respecto a Iván. Susana Sasías hizo un postgrado erótico porque logró fugarse del proxenetismo mafioso de Milán. Te aseguro que es un grado cinco en sexualidad. Ahora decime algo de Iván.

— Iván es un hueco, infantil, que sólo piensa en su cuerpo y en cómo lograr admiración. Es bastante tonto —comparándolo contigo, claro— pero no me pidas más detalles, así conservamos la moderación.

Mientras caía sobre ellos un pesadísimo manto de mutismo, sus cabezas hacían miles de puntos aeróbicos a pesar de la más completa inmovilidad corporal. Finalmente Roberto dijo:

— Susana piensa algo que viene al caso. Según ella, la monogamia es contra natura porque nadie tiene todo lo que el otro desea. En nuestro caso, yo me enamoré de tu forma de bailar y de tus hoyitos y vos de mi sentido del humor. Todos los otros deseos creímos poder extraerlos de esos pocos rasgos fascinantes, pero la historia se encargó de demostrarnos que la ilusión tiene patas cortas.

Beatriz cargó aire como para un gran parlamento, pero apenas comentó:

— Esa imbécil tiene razón.


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lunes, 9 de agosto de 2010

Los pelos de leche

— ¿Por qué te cepillás el pelo antes de acostarte?

— Porque mi mamá y mi abuela siempre me decían que de esta forma entro al mundo de los sueños con todas las ideas en orden.

— Así que tenés las ideas en el pelo.

— No: cada cabello tiene una idea o un recuerdo.

— ¿Y del lado de adentro, tenés algo?

— Del lado de adentro tengo el procesador de las ideas y de los recuerdos.

— Y qué pasa con los pelos que dejás en el lavatorio, ¿te provocan algún tipo de amnesia?

— Los cabellos que se me caen son como los dientes de leche. Se caen porque son empujados por otros cabellos nuevos.

— ¿Cómo puede ser que una mujer tan inteligente como vos, con una cultura impresionante, pueda creer semejante boludez?

— ¿Alguna vez me viste tomar un medicamento para poder dormir? ¿Has observado cómo amanece la cama cuando nos despertamos? De tu lado está toda revuelta y del mío sólo con las alteraciones que provoca tu agitación medicada.

— Yo tengo problemas para dormir desde la infancia. Mi madre se comía tremendos plantones sentada al lado de mi cama esperando que yo me durmiera.

— Yo también hasta que empecé a peinar mis recuerdos y mis ideas.

— No me entra en la cabeza que tengas semejantes ideas primitivas con todo lo que sabés de neurociencia.

— Así como existen lectores de novelas, de poesías, de cuentos, yo leo libros de ciencia porque me divierte la ingenuidad de quienes creen en la existencia de la verdad y me resuelta humorístico que pretendan accederla por medio del razonamiento. Son predilecciones. Hay literatura para todos los gustos. Tus libros de autoayuda decoran bastante bien el modular del comedor.

— No salgo de mi asombro. ¡Cómo podés lograr tanta serenidad creyendo en esas estupideces!

— Ahora terminaré de leer Cien cepilladas antes de dormir (1). Dejame besar tu preciosa boquita y después volvé a nuestro dormitorio que estoy muy cansada. ¡Sé buenita!

(1) Editorial: Emecé (2004)
Autora: MELISSA PANARELLO (16 años) - Lírica y perturbadora, dura y romántica, Cien cepilladas antes de dormir fue el debut italiano más fuerte y sorprendente de los últimos años.


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sábado, 17 de julio de 2010

¡Qué sencillez complicada, Dios mío!

Ayer tuve la última sesión con mi analista. Estoy seguro de que él no puede estar atendiendo desde que le extirparon un cáncer en la lengua, porque tiene una dificultad muy severa para hablar. Trabaja porque no tiene más remedio, pero no debería.

Debe ser una enfermedad profesional, porque a Freud lo operaron más de treinta veces de cáncer en el paladar.

Hace unos años me habría dado lástima, pero no hace tanto descubrí que este sentimiento sirve para reafirmar el famoso “a mí no me va a pasar”.

Uno se cree el rey de los filántropos sintiendo lástima, pero en realidad sólo es un recurso para imaginarnos por fuera de ese grupo de riesgo.

O sea que a la lástima la tengo arrumbada, acumulando polvo junto a los Reyes Magos, al Ratón Pérez, Dios y otros inventos ansiolíticos.

Hoy ya siento como que él cayó en mi zona de indiferencia.

Tengo que hacer un cierto esfuerzo para entender por qué durante cerca de diez años estuvimos compartiendo una monocorde reiteración de sinsentidos, cargados de emoción narcisista, como una mala tragedia actuada por principiantes.

¿Qué pudo tener de interesante para este tipo, que mis mayores éxitos sexuales los haya logrado fantaseando con mi madre ... o con mi padre?; ¿... o que me portara mal sólo para que me pegaran y mi hermana me consolara apretándome contra sus hermosos senos?

¿Cómo hizo para silenciar los desorbitantes bostezos que lo acometieron? Muchas veces pensé, que permitir esta molienda sus gónadas, es mucho más sacrificado que fornicar con un desaseado pescador coreano por cien dólares.

Claro, yo me fijo en él, pero ¿que podría decirse de mí? ¿Por qué estuve durante casi diez años contándole a un desconocido las fantasías que me atormentaban con sobredosis de culpa?

Este exorcismo me costó doce mil noventa y seis dólares, con los cuales podría haber hecho un viaje alrededor del mundo, o comprado mucha ropa de marca en Club House o Julio Zelman, o una computadora portable Machintosh con todos los chiches, o un televisor flat de cincuenta y dos pulgadas con equipo de audio cuadrafónico y lectograbador de DVD, todo marca Sony, o cambiado el auto en Silca por un cero kilómetro, o redecorado mi casa en Vivai, Porto o Walmer, u organizado una fiesta para quinientas personas en Punta Cala.

Lo único novedoso que encontré de mí en estos casi diez años de análisis, es que soy una lesbiana felizmente instalada en el cuerpo de un hombre.

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sábado, 3 de julio de 2010

¡Marchen tres mujeres! Salen con fritas

Mi mamá: ¡Siempre pendiente del «qué dirán» ... la madre y la hermana mayor!

Este fue el Comité de Bienvenida que me tocó en suerte cuando caí a este planeta seco, frío, ruidoso, lleno de carencias.

¡Qué mujeres insufribles y besuconas! Todo el mundo se llena la boca diciendo que «madre hay una sola». No es mi caso.

Yo fui criado por un triunvirato pollerudo, contradictorio, malavenido, con una biblioteca por cabeza sobre cómo criar a un niño tan precioso y «lleno de gracia y maldades que nosotras sabremos corregir» ... para que se convierta en «un hombre de bien».

Desde acá abajo les veo los agujeros nasales y otras cosas alrededor. La misma escena que después fui viendo con creciente alivio a medida que se fueron muriendo y desde el pie del féretro, no podía de dejar de mirar esas fosas nasales que me mantuvieron enterrado durante años y años.

¡Cómo me rompieron las pelotas estas tipas tan llenas de amor! ¡Cuántos regalos tuve que agradecer, usar y hacer como que disfrutaba!

El triunvirato se había repartido las tareas: Mi mamá se encargaba de mis enfermedades, así que como nací muy sanito, tuve poco contacto con ella, lo cual creo que la frustró bastante porque amaba todo lo enfermo. Sus temas de conversación eran sobre curaciones, mejorías, intervenciones, salas de espera, dieta, y otras maravillas de ese hedonismo tan personal con el que se manejaba.

Mi tía Élida se encargaba de convertirme en un soldado al servicio de cuanto ideal represor anduviera en la vuelta: catolicismo, medicina preventiva, higiene, ortografía, moral cívica, disciplina, ejercicios físicos, vidas ejemplares de pelotudos célebres en general.

Mi abuelita, ¡qué amorosa! tenía a su cargo mi alimentación, que ahora que no está me animo a tipificar como «ensañamiento alimenticio». También me exigía regularidad intestinal … con o sin enema. Según mi analista esta vieja me violaba a la sordina y ni se sabe los líos que hoy tengo en la cabeza con la homofobia.

¿Vos querés saber algo de mi padre? ¡ja! somos dos.

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Enriquecimiento de mi relato a costa del escritor argentino Roberto Fontanarrosa (1944-2007): "[…] Mi padre murió. Y mi madre fue incapaz de continuar en la vida sin su pareja, murió también, posiblemente de tristeza 24 años después. Ella, sin duda, no soportó la muerte de su compañero, de la misma forma en que mi padre no la soportaba a ella." (Fragmento del cuento «Vidas ejemplares»).

domingo, 20 de junio de 2010

Poder es querer

El revólver de la abuela puedo usarlo para sacar corriendo a la barra de las viviendas cuando quieren usar mi cuadra para llegar al campito de los circos.

Cuando Julio sepa lo que conseguí, se va a poner otra vez de mi lado. Desde que lo invité a boxear y me ganó, dejé de ser su mejor amigo y empezó a verduguearme (atormentar, humillar).

Con este revólver maravilloso podré hacer lo mismo que hacen los cobois (cowboys) que lee mi papá en las novelas.

Él siempre me cuenta cómo los más crá (cracks, diestros) pueden pegarle un tiro entre las cejas a los malos ¡sin desenfundar! Yo creo que sé como se hace porque estuve practicando delante del espejo del ropero ¡y me sale igualito!

Además me parece que Albita también se va a enamorar de mí cuando vea que tengo este revólver todo cromado. Seguro que se va a venir conmigo y que lo va a dejar a Enrique, por más bizcochos que él le compre con la plata que le roba al padre cuando viene a comer al mediodía.

Capaz que el que manda en la cuadra puedo ser yo, porque Julio es más alto pero no tiene revólver. Si yo pudiera ser el jefe de la barra, entonces Albita seguro que se arregla (ennovia) conmigo y hasta capaz que me invita a tomar la leche en la casa sin que la madre sepa que ahora es mi mujer.

Después también Ruben me va a prestar la bici (bicicleta) que hoy sólo le está prestando a Julio porque es el jefe, pero si yo paso a ser el que manda más, seguro que me la presta a mí.

Cuando me la preste voy a poder hacer la palomita parado en el asiento. ¡Qué bueno estaría que justo saliera Albita y me viera! ¡Quedaría re-metida (enamorada) conmigo! Yo sé bien cómo se hace porque aprendí de un equilibrista buenísimo que vino con un circo y cuando lo practiqué delante del espejo arriba del taburete, ¡me salió igualito!

Como Albita lo va a dejar a Enrique para arreglarse conmigo y él ya no le va a comprar más bizcochos, le voy a decir que con la plata que le roba al padre tiene que comprarme los fulminantes.

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domingo, 6 de junio de 2010

Lo paterno

Mientras esperamos que oscurezca un poco más, les voy a contar la historia que le escuché a Rogelio, por lejos el mejor amigo de mi padre, cuando yo era un gurí (1) como ustedes, y me acompañó en mi primera visita al prostíbulo del pueblo, tal como nosotros iremos en un ratito. ... Sí, yo también estaba nervioso.

...pero, les cuento, los hechos habrían ocurrido en Montevideo, allá por 1955.

Benito Gurméndez era un rico hacendado que estaba incursionando en la política nacional, usando el ruidoso sendero de la agresión verbal.

Aburrido de que sus negocios agropecuarios pasaran por un interminable período de auge, se había quedado sin desafíos y buscaba en el protagonismo mediático una descarga a tanta energía acumulada.

………

Dante Loyarte estaba convencido de que algún día sería famoso como poeta, aunque ya había logrado hasta la adhesión de su madre al coro de hermanas y primas que no se cansaban de decirle en la cara: «¡sos un bueno para nada!», «¡un inútil!», «¡un vago!», «¡un clavo remachado!».

No sabían estas mujeres que Loyarte interpretaba estas diatribas como el antecedente infaltable en todo éxito fulgurante.

………

Benito Gurméndez se manejaba con una bibliografía básica: Maquiavelo y Goebbels.

Apelar a la paranoia y la credulidad de las masas, era la receta elegida por él.

Había encontrado dos o tres teorías conspirativas que referían a los gobernantes de turno, y con ellas había logrado que todo el periodismo —radial y escrito— lo prefiriera porque sus opiniones siempre escandalizaban.

………

Caminaba Loyarte por 18 de Julio (2), cuando al ingresar a la Plaza Independencia (imagen), vio sorprendido que una cantidad de hombres se le abalanzan con gesto voraz.

El pánico lo inmovilizó, pero en segundos comprendió que a su lado estaba otro transeúnte, —un señor de escasa estatura y de aspecto distinguido—, que se aprestaba a recibir a esa jauría de reporteros con gesto complacido.

El alma le volvió al cuerpo y comenzó a divertirse con este espectáculo insólito para su existencia bohemia y solitaria.

El asedio se volvió excesivo y el pequeño señor empezó a dar señales de que le faltaba el aire.

Normal en Loyarte, atinó a sacarse el sobrero y comenzó a abanicarlo, por lo que Benito Gurméndez lo miró con un gesto de infinita gratitud bajo una lluvia de flashes.

………

Otro entretenimiento para Gurméndez, eran sus conversaciones con un publicista norteamericano que tenía viviendo —a todo confort y con dedicación total—, en el Hotel Victoria Plaza.

Con él forjaba otro gran emprendimiento: convertir a este pequeño país en una réplica —a escala— de aquella nación que Hollywood le había mostrado tan bien maquillado como una novia en su boda.

Las notas gráficas que habían poblado las páginas de todos los diarios tenían a un Gurméndez señorial junto a un típico nativo, conformando una única imagen de estética insuperable.

Cuando el experto norteamericano le hizo ver a Gurméndez que aquella mirada de gratitud al divertido Loyarte, había sido subtitulada por los medios de prensa, como «El encanto de un gran señor por este típico representante del pueblo uruguayo», le describió y diagnosticó en términos semióticos:

«Todas las fotos son publicitariamente fantásticas porque ya están anunciando cómo aquella utopía de fusionar dos culturas y clases sociales muy diferentes, no solamente es posible sino que también son tan idílicas como para mover inconteniblemente a legiones de seguidores fanatizados por este mesías que, por fin, se había decidido a llevar a la plena felicidad a su pueblo elegido».

Nuevamente la valoración del publicista resultaba convincente para Gurméndez quien, como hombre de acción, se puso en campaña para ubicar «sí o sí» a esa imprescindible otra mitad de la imagen vendedora.

………

Serían las diez y pico de la mañana cuando la hermana mayor llamó al dormitorio de Loyarte.

Él se despertó extrañado, porque ya había logrado que toda la familia renunciara a modificar sus hábitos de descanso ... y de alimentación y de vestimenta y de trabajo.

¡Qué!» —gritó desafinado. — Unos señores te buscan —dijo ella, con voz de mala noticia.

Aún no sabía Loyarte, que su vida cambiaría para siempre.

……

Pero ¡bueno! ya oscureció lo suficiente y nos conviene ser de los primeros para que las chiquilinas estén bien descansadas. ¡Las maravillas que van a conocer! ¡Humm, siento como que le estoy pagando a Rogelio la gauchada (3) que me hizo!

(1) En Argentina y Uruguay: niño, muchacho.

(2) Avenida importante de la ciudad de Montevideo.

(3) Favor ocasional, hecho con buena disposición.

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